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  • Anavi

Sin miedo al cambio



Permíteme introducir este post con una frase en inglés: everything is impermanent. Todo es temporal, aunque nos aferremos con uñas y dientes. Te puedes aferrar a tus posesiones, tu estatus, tus relaciones y hasta a la idea que tienes de ti misma. Hoy te quiero contar que hasta a un idioma te puedes aferrar. ¿Sabes que cuando comencé el blog de yogavi, escribía en inglés la primera versión de los artículos y luego los traducía al español? Raro, ¿no?


Es posible que un idioma que no sea tu lengua materna se convierta en el medio preferido para expresarte. Es lo que me ha pasado durante muchos años y algo que ahora quiero, no diría remediar, pero sí procesar. Quiero procesar por qué siempre me fue tan difícil escribir desde el corazón en mi lengua materna y para ello, no hay otra forma que ponerme manos a la obra.


He tenido diferentes teorías para explicar este curioso fenómeno. De primeras, es que el inglés simplemente me fascina. Su versatilidad, su frescura. Es la lengua franca de mi vida sentimental y la lengua en la que se canta probablemente el 90% de la música que escucho. Es más, cuando leo un libro cuya versión original no es en inglés o español, directamente me decanto por leer la traducción al inglés. Resumiendo, el inglés es una lengua con la que conecto.


Después está la conexión entre el inglés y el yoga. Nunca he participado en una clase de yoga en español. Todos las formaciones de profesor de yoga las he hecho en inglés. Cada vez que he escrito reflexiones que han surgido de la práctica, lo he hecho en inglés. Tan lejos llega la cosa, que hasta un diario que escribí durante el embarazo, lo escribí en inglés. Ese diario empezó como un ejercicio personal, pero aun cuando en un punto se convirtió en un legado que quería dejarle a mi hijo, seguí escribiendo en inglés. ¡Estuve escribiéndole a mi bebé por nacer en inglés! Raro, raro... lo sé.


Pero volviendo a cuáles son mis teorías sobre por qué esto es así... Una de ellas estaba ya clara en el mencionado diario al tan esperado bebé. En una de las entradas le decía a mi niño que posiblemente encontrara raro que le estuviera escribiendo en inglés y no español. Mi explicación era que el inglés me daba distancia. Esas palabras que estaban tan cargadas de historias a medio procesar, eran mucho más fáciles de encontrar si había algo de espacio entre ellas y yo. Es como si pudiera decir esas cosas, cosas que me aterraban, sin sentir tanto el miedo de la realidad detrás de ellas. Realmente es un superpoder. Imagina que puedas quitarle hierro a todo lo que te da miedo, te avergüenza o te cuesta admitir, simplemente usando una lengua que no fuera con la que creciste.


El inglés siempre fue un bypass a mis emociones. Y no solo eso. El inglés me proporcionaba un vocabulario que yo no había aprendido a usar, aunque lo conocía de siempre. Era un win win situation. ¿Ves? Hay algunas cosas que se dicen mejor en inglés. Punto.


Esa teoría creo que es bastante plausible. Lo suficientemente bien construida, pero no lo suficiente perfecta como para explicarlo todo.


Ya sea porque ahora vivo con una criatura con la que hablo en mi lengua materna en todo momento o porque por eso mismo quiero sentirme más cerca de la lengua que estoy transmitiendo, el caso es que llevaba un tiempo cuestionándome de nuevo el status quo de mi realidad lingüística.


Gracias a este cuestionamiento he comenzado a escribir un diario de reflexiones... ¡en español! He comenzado (a veces) a crear sankalpas en español (solo muy a veces, debo admitir). He tomado la decisión de poner prioridad en lo que comparto en español, por encima de lo que comparto en inglés. En resumen, he comenzado a hacer un esfuerzo consciente en conectar con mi lengua materna.


Sabiendo que mi realidad actual es diferente (una realidad en la que hay mucha más conexión entre el yoga y el español), y que no puedo ignorar todo el trabajo interno que he hecho en estos años, finalmente llegó el momento de cuestionar si el inglés seguía ocupando el mismo lugar en mi camino de evolución personal.


La respuesta que encontré fue - después de bastante resistencia - que el inglés también simboliza una parte de mi ego. Ya sea por el logro que es aprender una lengua hasta el punto de sentirme más cómoda usándola, que mi lengua materna. Quizá pensar que si no me expreso en inglés, estoy cerrándole muchas puertas a mi mensaje. O el hecho de que llevo tanto tiempo haciendo lo mismo, que ni me había parado a pensar que hay otra forma de hacer las cosas.


Así fue que decidí apagar la versión inglesa de la web, después de todo este filosofeo (no puede ser de otra forma en mi vida). Y a raíz de esta transformación, no podía ser de otra forma que quedara plasmada de forma visual también. Ahora, el logo de yogavi ya no está tan cargado de voluptuosas flores, y pasa a tener una tipografía lo más básica posible. Me voy despidiendo ya, con un guiño de esos que dicen 'ya nos vemos'... Amado inglés, ahora toca el back to basics.


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